Crónica de los 389 kilos de cocaína que se volvieron harina

Se apaga el 13 de diciembre de 2016 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La ministra de  Seguridad de la Nación recibe un llamado de parte del embajador de la Federación Rusa, Viktor Koronelli,  quien le pide reunirse a la brevedad, porque tiene el dato de que en una escuela que funciona en el anexo de la Embajada, podría haber droga.

Minutos más tarde se encuentran la ministra, el embajador, 3 miembros del servicio federal ruso, el Comandante General de la Gendarmería, Gerardo Otero y su jefe de Inteligencia, Jorge Domínguez.
 
“Debemos hacer un ingreso rápido y efectivo para constatar de que exista realmente droga”, dice la ministra, mientras levanta su teléfono y habla con el juez Ercolini, a quien le pide que se acerque al Ministerio de Seguridad.

Son alrededor de las 23hs, y con Ercolini presente, deciden el plan: Ingresar por una puerta lateral de la ex Embajada de Rusia en la calle Bolívar, hacer un narco test sobre la sustancia que se encontraba en 12 valijas apostadas en una sala de la escuela lindante a la Embajada, y aguardar su resultado.
 
Son las 2am y el equipo de seguridad conformado por Argentina y Rusia, recibe la confirmación de que en las valijas hay cocaína de máxima pureza. Por indicación de Patricia Bullrich, un equipo de Gendarmería sale hacia el Mercado Central, compra casi 400 kilos de harina, y reemplaza los paquetes de las valijas, decomisando la cocaína, pero además introduciendo cámaras y gps’s en cada una de ellas, para poder hacer el seguimiento desde un centro de monitoreo montado en conjunto.
 
El intercambio debe hacerse rápido. Quedan pocas horas y a las 6am del 14 de diciembre, habrá nuevamente personal de la embajada, y la operación corre peligro.

A continuación habrá un año de investigaciones “espejo” - entre el Ministerio de Seguridad de la Nación, junto con la Gendarmería Nacional y la Federación Rusa, a través del Ministerio del Interior de ese país y el Servicio Federal de Seguridad ruso -, en donde 12 valijas reposan sobre una escuela, en donde 6 personas, entre ellos diplomáticos, empresarios y agregados a la embajada, suponen que tienen un cargamento millonario valuado en más de 50 millones de euros, pero en donde residen sacos de harina.

Existen antecedentes. Entre el 2012 y el 2015, un funcionario ruso cruza la Frontera, llega a Uruguay, aborda un vuelo y se lleva una valija en la que, según declara, carga vinos. Logra ingresarla con éxito a Rusia, y repite la mecánica una y otra vez, primero con 4 valijas y luego con 6.

 

 

Los integrantes de la organización criminal

Estos 12 bultos tienen un valijero. Su nombre es Ali Abyanov, funcionario de la Embajada de Rusia en la Argentina que busca, de una y otra manera, llevarse la droga consigo. Agotados los caminos para él, que debe volver a su país de origen, decide dejar el cargamento aquí y planificar el traslado de los 389kg de cocaína desde el gélido país europeo.

El Señor K, vamos a llamarlo de esta manera porque al día de la fecha tiene pedido de captura internacional librado por Rusia, es empresario y quien facilita el envío y la distribución de droga desde la Argentina hacia Europa, y de ahí, se presume, al resto del Viejo Continente.

El tiene un “contacto” en la Argentina. Su nombre es Iván Blizniouk, agregado en la Embajada rusa en Buenos Aires, políglota y nacionalizado argentino a los 18 años, cuando decide dejar Rusia para encontrar  nuevos rumbos. Blizniouk es quien busca trasladar las valijas (que cree, tienen cocaína) hacia el otro lado del mundo, con su compañero de vida y amigo, Alexander Chikalo. 

Realizan tres intentos durante todo el 2017, hasta que finalmente es el propio gobierno ruso quien facilita un avión, aprovechando un viaje oficial a la Argentina, para subir las valijas y realizar una entrega vigilada el día 12 de diciembre de 2017.

Detengámonos en este punto. Es 9 de diciembre de 2017, las valijas se depositan en el compartimento de diplomáticos que tiene el vuelo oficial de la delegación rusa, y ambos países rubrican un acuerdo de cooperación internacional, en el que promueven un seguimiento conjunto de las valijas que, en su interior, tiene la harina que reemplaza al clorhidrato de cocaína.

Mientras tanto, en Moscú, 3 agentes de la Gendarmería Nacional Argentina esperan ansiosos a las personas que van a retirar las valijas, para proceder a su detención de manera inmediata.

48hs después del arribo del vuelo a Moscú, con las valijas en el Ministerio del Interior ruso y la mirada de los dos gobiernos, que siguen atentos los pasos de la droga, Vladimir Kalmykov e Ishtimir Khudzamov se acercan al mostrador, reclaman las valijas y son detenidos por los agentes, quienes dan alerta para que, al mismo tiempo, sea aprehendido Abyanov, el funcionario que viaja a Rusia desde la Argentina, sin poder llevarse las valijas en la primera oportunidad.

Con la organización diezmada, y 3 de sus integrantes aprehendidos, en Buenos Aires es la Gendarmería Nacional quien detiene a Blizniouk y Chikalo en Saavedra hace menos de 24hs, y de esa manera termina de esmerilar a la asociación de narcotraficantes gestada en la Embajada de Rusia en la Argentina. 

La cooperación internacional es un elemento central en nuestra administración, y en muchos casos se vuelve la lleve para poder contrarrestar el avance del narcotráfico y el crimen organizado.

Más de un año de investigación en equipo, con la Justicia, ambos países y los gobiernos, fueron esenciales para desbaratar a la banda.

 

 

 

 

 

 

 

 

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